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Las no palabras

Recuerdo la primera vez que leí a Borges. No fui iniciada a su mundo con ‘El Alelph’, sino con el cuento ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’. De ese ejercicio– admito lo leí con una cierta obligación académica– surgió el diseño de un poster que sometí para el Festival de la Lengua Madre de las Naciones Unidas, en el que usé la palabra “Eithou” de James Joyce en Finnegan’s Wake.

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Yo sigo mucha gente en Twitter. El 70% de las cuentas que sigo son de personas/entidades/medios/aplicaciones/instituciones que trabajan contenido que me interesa.

Esta chica a la que sigo, @GrammarGirl, hace un retuit de @StanCarey sobre las palabras y letras más comunes en inglés, enlazando a un post con una data muy interesante de Peter Norvig, director de investigación en Google.

La data habla por sí sola. Aquí les enseño unas visualizaciones:

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Norvig comenta: “Note there is a standard order of frequency used by typesetters, ETAOIN SHRDLU, that is slightly violated here: L, R, and C have all moved up one rank, giving us the less mnemonic ETAOIN SRHLDCU.”

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Y de esta imagen en la que ya se veía el uso de una no palabra, a tener data confirmada que, en el que ETAOIN SRHLDCU, ¿podría quizás considerarse un padrino del idioma inglés como se usa hoy? Tiene su antecedente, ETAOIN SHRDLU, bien parecido. Me parece que ambos tienen tremenda personalidad.

También sería interesante preguntarle a James Joyce si la data que le muestra Norvig ayudaría o desayudaría a su proceso de escribir inglés como segunda lengua.

Yo creo que a Borges le fascinaría tanto, que ya hubiese llenado un globo terráqueo con no nombres para no sitios.

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¿Cómo salvar nuestra historia?

Para tratar de estar un poco en el loop, estoy suscrita a varias listas de correo relacionadas a los temas que me interesan y aplican tanto a mi práctica profesional puntual como a mis intentos de entrar nuevamente al mundo académico. Una de esas listas publicó una entrada que me llamó mucho la atención. Al parecer, se está tratando de cerrar el archivo de Diseño Industrial de Alemania Oriental, localizada en Berlín, y la Sociedad de Historia de Diseño (GfDg) está haciendo un gran esfuerzo para evitarlo. Además de expresar su sentir públicamente en la página web de la organización, el mensaje se difundió en la lista de correo mencionada anteriormente, en la cual están suscritos diseñadores, profesores e investigadores de diseño alrededor del mundo. Las respuestas en apoyo al pedido de la organización fueron inmediatas, y no es para menos.

A mí la historia me suena demasiado conocida. La fascinación de los gobiernos por borrar ciertas partes de la historia de sus países es espeluznante. Recuerdo que un amigo estuvo haciendo un internado en la Oficina Estatal de Conservación Histórica y me comentó de cómo había material del siglo 19 guardado en bolsas plásticas. Para la huelga general de la Universidad de Puerto Rico en contra de la cuota de $800, recuerdo que en algún momento no había luz en el Recinto de Río Piedras -decían que la Policía había tumbado la electricidad para que los estudiantes que estaban acampando ahí se vieran en condiciones lo suficientemente precarias para irse- lo que podría afectar la colección de libros raros de la Colección Puertorriqueña del Sistema de Bibliotecas, además de afectar obras del Museo de Historia, Antropología y Arte del Recinto de Río Piedras. También recuerdo haber estado en una mesa redonda en la cual habían diseñadores que trabajaron en el Concilio de Diseño, comentando de cómo tuvieron que botar muchos de sus archivos cuando cerró el mismo. Contaban jocosamente, pero con mucha pena, cómo mucho del material era llevado a un “archivo circular”, que no era más que otra manera de decir que iba directamente a la basura.

Mi reacción ha sido una mezcla de asombro, coraje e impotencia. Sin embargo, luego de analizar el panorama más a fondo, puedo comprender que la conservación de la cultura en Puerto Rico ha sido un proyecto casi fallido. El ‘casi’ hay que destacarlo, porque estoy más que consciente de los intentos individuales y cuasicolectivos para salvar objetos, documentos, entre otros. Sin embargo, me parece que los esfuerzos han sido desorganizados, espontáneos, faltos de estrategia y proyección a largo plazo. Obviamente, el hecho de que el gobierno del país quiera eliminar la cultura por completo no ayuda. Para una nación sin estado, que aún carga con un gran bagaje colonial y opresivo, el reto es titánico, más sin embargo, no imposible. Creo que podemos abordar este problema si nos unimos y nos organizamos, tal como lo ha hecho la Sociedad de Historia de Diseño. Es cierto que vivimos en la periferia, pero eso no nos imposibilita el actuar con este tipo de situaciones. Hay que hacer algo para que podamos salvaguardar lo poco de historia cultural que nos queda. ¿Quién se apunta?

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Aislamiento

Ostrich (pocket pillow for nap, 2011) del estudio Kawamura-Ganjavian.

Yo necesitaba uno de estos hoy. Se me hacía casi imposible concentrarme, entre el Illustrator, el Photoshop, los diez drafts, la minuta, el checklist para la entrega de mañana, el chat de Gmail, Pandora, los veinte tabs de referencias para el website que estoy rediseñando, y el habla y habla, corre y corre, te miro y no te miro, te ignoro mientras miro mis monitores, de todos los días.

De pronto extraño el tiempo en que trabajaba por mi cuenta, en pijamas, acostada en mi cama. Sin embargo, recuerdo haber tenido días, en esos días, de querer vestirme, hacer el aguaje de peinarme, y ver gente. Estos días eran muy pocos, pero existían.

Sin embargo, hoy me alegro de haber soportado el día, porque al final del mismo, tuve una sesión muy productiva de retroalimentación de mis compañeros de trabajo. Yo creo que son bienvenidas y bienaventuradas todas las oportunidades en las que uno tiene la oportunidad de que otros ojos miren lo que tu mirada ya tiene bastante saturada. Nunca he sido de las que recibe crítica con desdén, si no es micromanagement, claro está.

No niego que el aislamiento, las burbujas, y las avestruces sean necesarias también. Si el diseño es un proceso de crear pensamiento para resolver problemas (Cross 1982), hay que tener los problemas bastante presentes. Es la única manera de comprenderlos. Para comprender a un nivel más allá de la simpatía, hay que sentir los mismos como si fueran propios (Köppen y Meinel 2012). Esta es una manera bastante simplista de describir el diseño empático, pero quería enunciarlo para no olvidarlo, como una nota, o un bookmark de esos miles que uno guarda para “ver luego”.

Aunque la tengo siempre presente, no había pensado seriamente en la empatía desde hace un par de años, cuando escribí una tesis sobre ella. Creo que volveré a ella, ahora que he encontrado fuentes más concretas sobre su relación con el diseño. Es curioso como cuando investigas sobre algo, parece que todo lo que lees tiene que ver. Esto no es totalmente cierto, pero en este caso, me parece que puede funcionar. No es posible diseñar sin empatía. Así de simplista soy. El aislamiento es necesario, pero sólo de vez en cuando. Ahora, ¿quién me regala la avestruz esa?

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El diseño no es arte, es un servicio

Reflexionando sobre mi práctica profesional en los pasados años, he podido notar que el campo del diseño es uno al que se le atribuyen valores ajenos al mismo, como por ejemplo, la de que el diseño es arte, y de esa manera, aristocrizándolo. (Buisepe 2005) Sí, el arte y el diseño se han retroalimentado uno al otro por siglos, de esto no cabe duda. La invención de la imprenta, los movimientos de arte vanguardistas, la revolución industrial, el nacimiento de la fotografía, las guerras y la tecnología son sólo algunos de los factores que han afectado ambas disciplinas.

Estando en una mesa redonda sobre diseño gráfico recientemente, en la cual estuve entre otros diseñadores con 10, 20 y más años de experiencia, no se llegó a un consenso sobre lo que entendíamos que era diseño. Me pregunto por qué sucede, si tiene que ver con la circunstancia particular de mi país, o si es algo global.

Casualmente, encuentro que la falta de información sobre diferentes metodologías y principios claves de diseño todavía no están claras (Sangiorgi 2011) en países desarrollados. Gui Bonsiepe (2005) afirma que esta discrepancia “es un síntoma de inmadurez. Es que por otra parte, comparado por ejemplo con la ingeniería que tiene más de 200 años como profesión establecida y consolidada en la enseñanza universitaria, el diseño apenas suma dos generaciones, si consideramos que tanto el diseño gráfico como el diseño industrial nacen como profesiones propias recién después de la Segunda Guerra Mundial. Antes había precursores para el diseño, pioneros importantes sin lugar a duda.”

Traigo a colación esta cita porque me parece pertinente en varios aspectos. Ciertamente, la aseveración de que la falta de consenso sobre una definición del diseño gráfico se debe a la inmadurez del campo me hace total sentido. Si comparamos con el arte, por ejemplo, el mismo nos lleva siglos de ventaja y todavía a la gente se le hace difícil descifrar qué es arte.

Sin embargo, esto no justifica que hayan métodos y definiciones que muchos profesionales ignoran. Creo que hay muchas interrogantes y variables en la ecuación. Nociones de lo que es diseño que se centran en lo meramente estético, que el mismo diseñador no se tome en serio lo suficiente para reflexionar sobre su propia práctica, para investigar sobre su propio campo -más allá de los últimos 15 tools de Photoshop- y las instituciones que enseñan diseño, graduando estudiantes, lanzándolos al “mundo real” sin las destrezas necesarias para generar nuevo conocimiento, son varias de las razones por las que cojeamos.

En mi experiencia como estudiante y profesional, reflexiono sobre el haber tenido la oportunidad de estudiar en dos instituciones en las que los programas de diseño gráfico estaban basados en premisas diferentes. Yo hice mi Bachillerato en Bellas Artes con concentración en Imagen y Diseño en la Escuela de Artes Plásticas, en Puerto Rico, y tuve la oportunidad de participar en un programa de intercambio en el departamento de Diseño Gráfico en Rhode Island School of Design. Ambas experiencias fueron sumamente diferentes, y no creo que una haya sido mejor que otra. Por ejemplo, tener la oportunidad de haber estudiado las bases del arte (pintura, grabado, escultura) me dio mucha disciplina. Aprender sobre cultura visual leyendo a Michel Foucault, Theodor Adorno y Walter Benjamin fue sumamente provechoso para desarrollar un discurso fuerte sobre cada proyecto que gesté en esos años de formación. Conocer el trabajo de artistas tales como Francisco de Goya, José Campeche, Doris Salcedo, Santiago Serra, Sol LeWitt, Cildo Meireles, Piet Mondrian, Eva Hesse y Ana Mendieta en las clases de Historia del Arte me hizo entender cómo otros dijeron y expresaron ciertas preocupaciones comunes. Sin embargo, haber aprendido de sistemas visuales, aprendido a hacer personas y scenarios en mi clase de diseño web en vez de aprender a usar Dreamweaver, y querer quedarme un poco para aprender sobre Historia del Diseño, clase que aún no ofrecen en mi alma mater, me ayudaron a comprender que el arte y el diseño son ciertamente diferentes.

¿Cómo es posible educar diseñadores sin enseñarles que el diseño no es para ellos, sino para otros? Hay que desligarse. Con el arte, esto no es necesario; aunque se ha matado al autor, todavía puede estar escondido en una esquina y no convierte la obra en algo precario como el diseño de un logo, que debe ser azul pero te empeñaste en hacerlo rojo porque no te gusta el otro color. No se trata exclusivamente de gusto, hay que justificarlo, y ahora más que nunca, si el usuario que va a ver este logo no responde al rojo, no diseñaste nada. El ego y la soberbia no ayudan al diseño.

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Proyectos en proceso

Como la naturaleza de mi práctica se basa en crear, hay veces que algunos proyectos se quedan en fases previas al producto final, a la “cosa”, a la exposición de las aplicaciones trabajadas. He estado pensando mucho sobre varios proyectos sin terminar porque me parece que tienen posibilidades de transformarse en estudios válidos sobre los temas que me interesan.

Hace mucho tiempo que no he completado un proyecto personal en cuanto a la práctica. El último proyecto que desarrollé en ciertas fases fue Pretzel Alphabet. Todavía no considero que esté completado. Le faltan varias fases.

Recuerdo que para la primera presentación de Seminario, en el Bahillerato, presenté alrededor de diez ideas de posibles proyectos. Siempre he pensado que no estaría de más volver a ellas y ejecutarlas. En la maestría me pasó igual.

A veces el proceso de estos proyectos que se quedan “sin terminar” son más relevantes que completar el mismo… Creo que es una ventaja y un alivio encontrar foros en donde se aprecia el proceso tanto como se aprecia el producto final, o incluso más.

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Diseño y diseño

Llevo varios días sumergida en mi “feed” favorito, Twitter, el cual a veces me hace procrastinar, pero la mayoría del tiempo me lleva a referencias muy pertinentes para las investigaciones que estoy empezando a llevar a cabo.

Digamos que este espacio tuvo un periodo de hibernación que debe terminar en este preciso instante. Toda la drama contenida en la última oración es totalmente necesaria, al menos para mí. Es ahora que puedo volver a invadir esta cartuchera y pasarle un pañito a los cartuchos, que cogieron un poco de polvo.

Una de las investigaciones corrientes-lo que en esta etapa son pensamientos que no se me salen de la cabeza, como un novio pero sin la complicación- es sobre el diseño en Puerto Rico, en los muchos niveles en los cuales no está documentado, en cómo no existe una o varias comunidades especializadas en cubrir especialidades dentro del diseño en el país y fomentar que las mismas existan, se enseñen, se valoren, se premien a sus profesionales. Porque de que hay profesionales del diseño en Puerto Rico, los hay, y muchos.

Tengo muchas preguntas en mi cabeza, pero supongo que la primera que me puedo hacer-esa es como la tía jodona que me grita porque sí- es: ¿Por qué en un país con una cantidad vasta de diseñadores talentosos y capaces, no existen espacios que promuevan que estos mismos diseñadores puedan tener una comunidad en la cual intercambiar conocimiento, enseñar a generaciones más jóvenes (esto en sí es otro tema), fomentar oportunidades de trabajo colaborativo en proyectos, premios y ceremonias para reconocer el trabajo del diseñador como se reconoce el trabajo del publicista en los Cúspide, por dar un ejemplo concreto de una de las muchas cosas que no están pasando en el mundo del diseño puertorriqueño. Básicamente el problema es que no existe ese mundo. Estamos todos en nuestras burbujas, algunos tienen sus pequeños nichos, pero no hay una matriz a la que todos pertenezcamos o al menos reconozcamos como entidad del diseño puertorriqueño.

Entonces, viendo que lo último que tuvo algún tipo de concordancia con una entidad en la que se promulgaba el diseño puertorriqueño, el Concilio de Diseño, es cerrado por el gobernador a cargo, Pedro Rosselló, en los noventa, me pregunto: ¿Qué se necesita para construir un circuito relevante de diseño en este momento histórico?

Volviendo a Twitter, estuve pendiente a un evento de dos días que se dio en San Francisco, llamado TYPO. Fue una serie de conferencias por diseñadores, liderada por el reconocido tipógrafo Erik Spiekermann, quien de hecho, está muy activo en Twitter. He descubierto en estos días, con este tipo de eventos, el uso tan maravilloso que se le da a esta herramienta para conectar diseñadores estadounidenses o radicados allí, e inclusive, otros diseñadores en otras partes del mundo en las que se dan estos circuitos, tales como Berlín, en donde también va a haber un TYPO para este próximo mayo.

El tema del TYPO San Francisco era conectar. Un grupo de conferenciantes estadounidenses y europeos se dieron cita en la vibrante ciudad para hablarle a diseñadores, por diseñadores. He ahí un magnífico comienzo de una comunidad en la que se intercambian ideas, se establecen relaciones, conexiones que pueden dar lugar a magníficos proyectos. Este lugar se convierte en un espacio de circuitos específicos a diseño.

Otro ejemplo de circuitos definidos en cuanto a diseño son las IV Jornadas Latinoamericanas, en Argentina. Estoy muy contenta y orgullosa de que mis amigos y colegas de Rubberbandpr, LLC sometieron una ponencia y fue aceptada.

Si en Puerto Rico existen esos lugares, y se están dando este tipo de actividades, yo no me entero. No hay un espacio común en el que puedas enterarte de lo que está sucediendo (si es que algo está sucediendo) en el no existente circuito del diseño del país.

¿Cómo crear este circuito? ¿Qué recursos se necesitarían para que fuese sustentable? ¿Cómo pueden beneficiarse las instituciones que enseñan diseño en el país (de esto también tengo muchas preguntas) de este circuito? ¿Será posible encontrar en este circuito un espacio de reflexión que nos lleve a identificar características y métodos de nuestra manera de diseñar que sean únicos y exclusivos a nuestra realidad?

Muchas preguntas sin contestar, pero al fin concretadas, escritas en algún soporte, fuera de mi cabeza.

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Las cajas

Hoy me encontré con mi amiga Zoraida López, quien se encuentra terminando una Maestría en Bibliotecología, quien además es socióloga y pensadora, y estuvimos conversando un poco. Ella me echó un balde de información, el cual iba recogiendo a modo de notas. Qué bueno que escribo rápido. Hay mucho material que estudiar.

El propósito de esta conversación era un tanto informal, por la fase en la que se encuentra la investigación corriente, era para definir el alcance de la misma. Me interesa adentrarme en la tipología de la “ciudad.” Pongo la palabra ciudad entre comillas porque, según me comenta Zoraida por lo que ha podido investigar para su tesis de maestría, es que de haber ciudades en el país en la pura y/o propia definición de la palabra, la tipología de las mismas es ineficiente.

Me encuentro queriendo explorar la arquitectura pre y post proyecto para modernizar el país, reevaluando si por ejemplo, la arquitectura modernista en Puerto Rico se puede ver como un ejemplo de democracia cuando los mismos arquitectos modernistas construían edificaciones en contra de las leyes de gravedad. Parecían ser muy innovadores, pero quizás pecaron de olvidar la lectura humana sobre la arquitectura, y cómo las edficaciones pre-modernistas tenían más consideraciones al sistema climático del país, y a su psiquis colectiva. Esto es, quizás, el punto más interesante de toda la conversación. Yo, habiendo estudiado un poco de arquitectura modernista tanto en la academia como en proyectos profesionales, tengo nociones un poco contrarias. Sin embargo, quiero sustentarlas más para poder hacer un análisis racional.

Por otro lado, también me interesa explorar la ciudad, el suburbio, la urbanización en un contexto local, haciendo referencia a una línea de tiempo que se extiende desde que la Avenida Ponce De León era el primer mercado en la Isla hasta que, en este momento histórico, no quedan ni migajas de lo que fue.

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Notas sobre “Form and Counterform: Architecture in a Non-Heroic Age” de Tony Schuman

The following remarks are intended as a capsule summary of the past decade in architectural theory from a radical humanist perspective, focusing on the link between architecture and social structure. My goal is to raise some questions about what architecture “with people in mind” might entail.

Me parece que muchos arquitectos comparten esta visión humanista. En Puerto Rico han habido -y todavia hay varios que han intentado construir estos espacios inclusivos, en el sentido de que los que los habitan no están exentos en todo el proceso de diseñar una estructura.

Sin embargo, creo que hay muchos más que quizás no tienen estas nociones, o no las comprenden en su totalidad.

Tomemos el ejemplo de la ventilación cruzada y los techos altos. Las estructuras domésticas de hace cuarenta años, pensadas para el trópico, y por consecuente para el que vive en el trópico sin aire acondicionado (en ese momento histórico era raro que una familia de clase media tuviera semejante aparato) , debían asegurar que la vida en la residencia iba a ser lo más cómoda posible dentro de la realidad climática. Es algo sumamente lógico, en realidad. El diseño es un servicio, y por tanto, la base del mismo es resolver o evitar problemas. Con la ventilación cruzada y los techos de doce pies -que ahora se consideran un lujo- las personas podían vivir apaciguablemente.

Our concern was with making places for people, with justifying formal and functional decisions by explaining the quality of life they would produce.

La lógica de esta aseveración es latente. Sin embargo, en Puerto Rico, mientras existían ejemplos de arquitectura pensada para la gente, el nacimiento de la urbanización, específicamente en Puerto Nuevo y Levittown; además de la construcción de los expresos, todos consecuencia del periodo de “modernización” post Estado Libre Asociado, o ELA, por sus siglas, no compartían el mismo pensamiento. No resolvían el problema. Se resolvían otros problemas, que a su vez, crearon nuevos problemas, ajustes en nuestra manera de habitar la residencia.

Cuando se empezaron a construir las mega-urbanizaciones entre las décadas de los cincuenta y sesenta, alejadas del casco urbano, dependientes del expreso que uniría gente y espacios por medio del auto, se tomaron decisiones en la construcción de las mismas. Los techos se bajaron a ocho pies. La calidad de las ventanas y puertas era inferior. No se tomó en consideración la ventilación cruzada.

Las residencias contemporáneas, las cuales parecen -y son- cajas, son aún menos habitables. Son sumamente calurosas, si son townhouses, están sumamente pegadas unas de las otras, causando una especie de claustrofobia colectiva que impulsa un detrimento en la sanidad mental del individuo y la sociedad en la que éste vive. Con espacios verdes cada vez más limitados, y una familia de cuatro adultos en la que cada uno tiene carro y los mismos se aglutinan en donde se pueda porque la calle es demasiado estrecha por mala planificación, es un aspecto de nuestra realidad que afecta el sentido humano del ciudadano, del residente.

Mientras más se encierre en cajas, menos tolerancia tiene.

As we noted in Touchstone, a student publication of the period, “Our goal, in the face of a widespread affliction which could be called dehumanization, is to restore to man his home, his community, and to daily events in the lives of human beings their fundamental position as center of the universe.

For many, the fact that our political awakening occurred during our years at architectural school produced a logical attempt to combine social goals with architectural practice.

As our search drew us back into the study of architectural history, which we had some- what neglected during the heady days of student activism, we became familiar with the extraordinary role played by German architects in the 1920s in tying architectural practice to social activism. The link between radical departures in architecture and radical changes in social structure was clarified and exalted.