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El aquí y ahora En la práctica Reflexiones

Enseñar las cicatrices

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Foto por Jonathan Potts via photopin cc

Una vez, hace varios años, me enseñaron varias piezas impresas; un libro, un panfleto, ambos proyectos muy hermosos. La diseñadora de ambas piezas me lo mostró y me comentó de cómo el producto final no mostraba las cicatrices, siendo estas las dificultades del proceso de producir el proyecto en sí.

Esa frase se quedó impregnada en alguna neurona que no maté. Luego de ese momento, aprendí a identificar las cicatrices en todos los proyectos que he trabajado hasta ahora. Hoy por hoy, tengo que admitir que son más los proyectos que entran en mi pipeline sin pena ni gloria, que los que sentí cuando recién comenzaba la “carrera profesional”. Hago énfasis en esa frase por las implicaciones de la misma; la etimología de la palabra carrera se deriva del latín *carraira, (luego ajustada a carrariade carrus, carro, según el Dicccionario de la Real Academia Española. Entre las múltiples definiciones de esta palabra, me interesaron las siguientes:

  1. “Acción de correr las personas o los animales cierto espacio” – Esto me pareció muy acertado en el sentido de que los comienzos no son enteramente queridos, planificados, anhelados, precisos. Aunque el tiempo pasa y el día se hace noche y la noche se vuelve día de nuevo, no necesariamente tenemos que tomar acción hacia algo en particular. Lo que implica que eso que nos hace movernos, correr, debe ser lo suficientemente importante para motivarnos.
  2. “Pugna de velocidad entre personas que corren, guían vehículos o montan animales.” – La competencia, la selección natural, Darwinismo en esencia. Con la programación precisa, tenemos bastante engranado en la cabeza que es importante ser la mejor persona que podemos ser. En el plano de una carrera, la meta es ser el mejor de los jugadores y/o participantes, así que el concepto del ganador y perdedor es uno que puede llegar a calar en la psiquis y en la salud emocional de una persona, o un grupo de personas. Me puedo identificar mucho con esta realidad en la industria en la que trabajo actualmente, que tiene como uno de sus enfoques principales el ganar premios.
  3. “Línea de llegada de una carrera.” – Me pregunto si aquí se refiere a llegar a un punto óptimo, el “mejor momento” de la carrera de uno… Lo que me es curioso de este enunciado es que parece un pensamiento cíclico; ¿es la carrera la línea de llegada de la carrera en sí? ¿O es quizás la línea de llegada te lleva a otro nivel, a otro milestone en la gran carrera? Quizás esta frase sea más relevante a un lap que a una carrera completa, pero de todas maneras, me interesó ver su relación con la palabra.
  4.  “Conjunto de estudios que habilitan para el ejercicio de una profesión.” – Esta es la carrera universitaria, la preparación (en un plano ideal) para poder integrarse a la industria, la academia, el gobierno, crear una empresa, cualquier manera de llegar a ejercer un oficio, de ser rentables, de mostrar un valor (y este es usualmente -por no decir siempre- en cifras numéricas).
  5. “Sitio destinado para correr.” – El escenario, the arena, el circuito, el nicho, la oficina, #laoficinadehoy, tu casa, el carro, el celular, la computadora, Snapchat, Facebook, Whatsapp, Skype, la tableta, una servilleta, la pared, la pizarra…
  6. “Curso de los astros.” – Esta frase es como una verdad (no tan) oculta. Por lo que he podido experimentar en mi carrera, han habido momentos en los que cosas inexplicables suceden, pero al parecer debían ser así. Aunque soy de las que piensa que hay veces que hay un cuchillo, con dos rutas, y hay que escoger por dónde ir. Pero una vez la decisión esté tomada, concuerdo con que hay elementos fuera de nuestro control que definen más aún esa ruta seleccionada. Al vivir la vida en sus términos, sé que no tengo mucho control sobre nada más que yo misma. Las cicatrices son el mapa al curso de los astros, muestran el tramo recorrido, lo que nadie te puede quitar; las experiencias vividas. El día a día, cada minuto, cada segundo.
  7. “Calle que fue antes camino” – Una de mis definiciones favoritas. Aquí muestra el antes y el después, el crecimiento profesional, cómo al revisar o revisitar tus logros previos es como sentir todas esas cicatrices de nuevo. Duelen menos, claro está, pero nunca se van.
  8. “Camino o curso que se sigue en las acciones.” – Aquí es donde pesan las decisiones que uno hace a lo largo de la carrera. Las batallas que uno decide pelear, qué vas (o no vas) a comprometer de acuerdo a tus valores, tu autorespeto y/o para lograr un objetivo. Claro está, aquí hay envuelto un juicio de la carrera en sí “¿Estoy llevando el tipo de carrera que quiero?” “¿Tengo la consciencia tranquila con mis decisiones?” “¿Qué estoy dispuesta (o no dispuesta) a sacrificar para mantenerme en este camino?”. Este camino no es estático, no es fijo. Es totalmente maleable a la vida tal y como es.
  9. “Curso o duración de la vida humana.” – Estoy un poco encontrada con esta definición. He sido testigo de muchos casos en los cuales la persona fallece y su carrera toma vida. Sin embargo, me parece un pensamiento que a su vez está muy anclado a la realidad de la carrera, y la vida misma; ambas corren su curso, y tienen una duración fija. No son infinitas.

Para recapitular, entiendo que las cicatrices las debemos dejar ver más. Creo firmemente que la verdadera lección nace desde un dolor grandísimo. Son las únicas que realmente recordamos luego de lanzar, de terminar el proyecto. Claro está, hay algunos proyectos de mayor duración, como la vida misma. Nada se puede realmente desligar, y todo nos sirve para seguir creciendo, seguir aprendiendo.

Colaboraciones Reflexiones

La extraordinaria inteligencia de Justin Bieber

inteligencia Hace unos años trabajé con un muchacho un poco mayor que yo, doctor en ingeniería ambiental, que al parecer solo hablaba cuando era necesario. Qué bueno, pensé, y qué refrescante, por fin, tener de compañero de trabajo a alguien que no siente la necesidad de llenar el silencio con baba o dejar sus huellas en todo. Todos decían que era inteligentísimo, cosa que hacía que la mayoría del grupo usara su trato discreto y su porte fino como evidencia sustituta de que el tipo era bueno en su trabajo, de que no hablaba mucho porque sus palabras eran oro. “Bueeeeeno”, como dirían los dominicanos, “¿y eh fácil?” Pues fíjense que bastante fácil, diría yo. Porque tengo que revelar que el tipo hablaba poco porque no tenía nada que decir. Tal vez era muy inteligente, pero igual no importaba. El tipo no aportaba nada al diálogo y a la resolución de problemas. Ni más ni menos era un cero a la izquierda.

Siempre he sospechado que las pruebas de inteligencia son una tontería. No están mal para divertirse y tal vez puedan proporcionar algún indicio sobre las entrañas de las personas, pero lo malo es que la gente se las toma demasiado en serio. Creer que algo tan intangible como nuestra perspicacia mental se puede medir con un barómetro me parece un empeño peregrino. Pero ahora estoy réquete segura de que estos exámenes son una bobada porque acabo de leer que el insoportable petardo de Justin Bieber es un superdotado. Los superiores de inteligencia son aquellos cuyo índice está por encima de los 130 puntos, y dicen que Bieber tiene un índice de 132. Convendrán conmigo, pues, que si Justin Bieber es un superdotado, entonces cualquier cosa en este mundo puede ser posible. Como que en 10 años llegaremos a Marte o que mi vecina no compite conmigo en tener el jardín bonito. Claro que también es posible, sobre todo en estos tiempos, que el Bieber manipula a fuerza de billete todo lo que dicen de él en los medios. A fin de cuentas, no sería raro que tal tipo tenga tal capricho.

Pero digamos que en efecto Justin Bieber es inteligentísimo. Y que mi colega de la oficina también lo es. Entonces, ¿quién demonios quiere ser superdotado? ¿Será que estos exámenes miden otra cosa, como la habilidad de hacer rompecabezas en un cubículo, o de ser superficial hasta la máxima potencia?

Cuando guguleo las personas más inteligentes del mundo me aparecen astros como Gary Kasarov (el jugador de ajedrez, con 190), Kim Ung Yong y Terence Tao (con 210 y 230, respectivamente, ambos matemáticos), y demás lumbreras que harán algún tipo de contribución importante a la humanidad. Pero entonces están los inteligentes que parecen estar mal enfocados. Una tal Marilyn vos Savant, por ejemplo, que con 190 puntos (más que Einstein con 150) se dedica a escribir columnas de chismes. Por cierto que la vos Savant es la última superdotada reconocida en el Libro Guinness de los Récords, que a mi entender es el libro perfecto para estas tonterías.

Conocemos que muchas veces vale más la perseverancia y la disciplina que la capacidad mental. Para ser grande en algo no basta con el talento. He visto a mucha gente genial perderse para siempre y no hacer nada, mientras que otros menos dotados han terminado resaltándose entre la muchedumbre. Más allá, una inteligencia abstracta capaz de resolver formidables problemás de la astrofísica no es nada en la vida si no se humaniza. Lo importante no es sólo saber pensar, sino saber sentir con humildad y tino. Lo que entiendo por una persona inteligente es alguien que ha vivido, escuchado, reflexionado y aprendido de ello. Somos entes sociales y no hay vida digna de llamarse así si no se vive de alguna manera junto con los demás. Tal vez sea eso entonces lo que le falta a Justin Bieber. Vive tan enfocado en su ombligo que su inteligencia está aislada de cualquier referencia real, de cualquier autocrítica, y así sólo podrá servir para entretenermos un rato.

Por: Grace Robiou. Puedes visitar su blog aquí.

Anécdotas El aquí y ahora Reflexiones

Como se diseñó y como se usa

comosediseno_img El multi pisos de mi condominio tiene un diseño modernista. Su concepto fue desarrollado por Kenny & Co. de Nueva York y diseñado por la firma de arquitectos Edward Larabee Barnes junto a la firma de ingenieros arquitectos Reed, Basora, Méndez -luego Reed, Torres, Beauchamp y Marvel ¹. La estructura es en forma de espiral, con bajadas en el centro. El único defecto (y es debatible) es el techo bajo, que a su vez hace un efecto particular en el cuerpo, tanto al conducir el auto como al caminar en la estructura. La vía es en una sola dirección, lo que implica que si te estacionas en el tercer piso, tienes que recorrer los extremos para poder llegar a tu destino. Aunque tengas una rampa por la que pudieras subir y “cortar” para llegar más directamente a tu espacio, no se supone que sea así porque el conductor tiene el derecho de conducir en el medio de la vía. Independientemente de que “quepan” dos autos por la extensión de la rampa—lo que tiene sentido para un estacionamiento—la estructura no fue diseñada de esa manera.

Sin embargo, tengo que admitir (con un poco de vergüenza) que he usado el estacionamiento de manera incorrecta. Lo curioso del asunto es que no ha sido a propósito, y que no tenía conocimiento de estar haciéndolo de esa manera hasta que un domingo por la mañana estoy subiendo la rampa entre el segundo y el tercer piso, y un vecino me toca bocina y se para en seco. Me regaña, pero me explica que yo no estaba siguiendo las instrucciones porque simplemente el multi pisos no se había diseñado así.

Creo que me tomó alrededor de dos segundos identificar cómo mi emoción se transformó de estar molesta por la actitud de mi vecino al dirigirme la palabra de esa manera, a alegrarme de ver que la utilidad y la usabilidad ² de la estructura fue validada. Esto se me hizo muy raro porque estoy acostumbrada a ver cómo los objetos se prestan para usos que desafiaron su propósito original. Como diseñadora, es algo a lo que le presto mucha atención diariamente.

Y es que en realidad no hay nada de malo en desafiar el diseño original de un objeto, una estructura o una estrategia. Muchas veces es ese “reguero” (como mi director de maestría describía el programa que estudié) el que desemboca en conversaciones que promueven nuevo conocimiento, y fomentan acción sobre ello.

Ahora puedo decir que el 95% de las veces estoy consciente de usar el multi pisos de la manera en que fue diseñado. Hay otras veces que el hábito de hacer lo contrario por tanto tiempo me lleva a ir al revés, lo que me ahorra un poco de tiempo pero a la vez me expone a tener un accidente. Sin embargo, en el tiempo que llevo viviendo aquí, no he tenido ninguno, y no soy la única que sube en vez de seguir hacia la izquierda. Si hay múltiples maneras de usar algo, no le resta valor, al contrario, te da más información sobre el contexto en el que habita. Te cuenta la historia de los que la rodean.

Colaboraciones Reflexiones

Cuando todo comienza a parecernos verdad (o mentira)

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A veces me asalta la inquietante sensación de estar viviendo en una novela de ciencia ficción.

Hoy mismo me pasó cuando miraba unas fotos del movimiento anti-apartheid en la Sudáfrica

de los noventa. Se me ocurrió pensar que las fotos eran falsas. Eran fotos tan buenas y

retrataban tan bien la pureza del sufrimiento, los instantes difíciles y tensos de la humanidad,

que parecían de mentira. Es decir, bien pudieron haber sido fotos de una película.

Por favor, no piensen un segundo que sospecho que todo aquello no sucedió y que las fotos

son un montaje. Es todo lo contrario. Desperté del trance con cólera, tuve que corregirme al

volver a ver la aspereza de las imágenes y hacer nota mental que esa sangre fue real, que

salió del cuerpo de un ser humano auténtico, de un hombre que alguien perdió de su vida aquel

día.

 

El mundo actual parece estar en camino de declarar inexistente la frontera que separa lo real

de lo imaginario. Estamos tan inmersos en el mundo de las imágenes, y tan acostumbrados a

tomar decisiones basados en las imágenes que vemos en Internet, anuncios publicitarios,

películas y demás, que copiar la realidad se ha vuelto una actividad cotidiana. Tenemos tanto

acceso a experiencias alternas, que con frecuencia se nos confunden con la realidad y todo

comienza a parecernos verdad (o mentira). A mi parecer, hemos comenzando a vivir, a nivel

consciente, en universos paralelos. Esto que describo no es un pensamiento articulado, sino

una sensación fugitiva que emerge y luego se esconde, pero que cada vez que reaparece luce

más clara.

 

Cuatro amigos con iPhones en un restaurante prestan poca atención a la calidad del diálogo

que intentan sostener. Nos choca, sí. (También es una falta de respeto.) Pero hasta cierto

punto es inevitable. Nos encaminamos a nuevas maneras de entender lo que nos rodea. Esa

otra interacción humana que se tiene por txt, o mejor aún por Facetime, es real. Real de una

manera diferente, pero real. Y puede que para algunos sea una realidad más conmovedora que

el contacto al que estamos acostumbrados.

 

Esta época en la que estamos no debería pensarse como la grandilocuencia de lo hueco. Es

mejor no pensar que estamos perdiendo algo, más bien deberíamos buscar la manera de

obtener provecho de estos cambios. Luego se verá su significado a largo plazo. Apenas nos

preparáramos para enfrentar grandes descubrimientos en la física, las matemáticas, la

neurociencia, la filosofía, la astronomía, y demás disciplinas elementales que evidencian la

evolución de la mente humana. El mundo sigue en marcha, aunque no pensemos que sea

progreso.

 

No insistamos entonces en construir mejores fronteras entre lo real y lo imaginario. Sabemos

que es gratificante dividir lo que percibimos entre la realidad y la ficción, la verdad y la mentira,

lo bueno y lo malo, convencidos de que siempre estamos del lado correcto. Pero en este caso

es mejor dejar que lo que vaya a suceder suceda. Nuestro mejor compás es solidificar esas

cosas que son comunes al individuo y su sociedad, no importa en qué lado estemos

operando. Los principios morales, las virtudes humanas. El amor. Después del eclipse entre

opuestos, lo que importarán son las demás cosas.

 

Esta es la primera colaboración, el primer cartucho compartido de Grace Robiou. Puedes visitar su blog aquí.

 

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Próximos pasos

Esta frase es una que digo constantemente en mi trabajo. Al ser responsable de la producción de varios proyectos, una de las claves para definir qué, cuándo y quién lo trabaja es ver los pasos en orden. Si esto no se hace, es muy fácil perder el hilo, y por consiguiente, perder tiempo. En mi campo de trabajo, eso no es una opción. Así que parte de mi labor radica en tener bien claros los próximos pasos de todos los proyectos, a quién le tocan, cuándo los tienen que terminar, porque si hay dependencias, se pueden atrasar si un paso está tarde. Esto es manejo de proyectos 101, pero de igual forma me gusta “vomitar” el conocimiento adquirido—y digerido—por si le sirve a alguien en el futuro.

En la inmediatez del tipo de proyectos que trabajo, no hay mucho espacio para hacer forecast muy a largo plazo. Yo estoy mucho más envuelta en el día a día, lo que está muy bien, pero a veces siento que estoy aplicando el carpe diem a aspectos que no funcionan.

Proyectos como este blog son uno de esos contenders, en los cuales un plan a mediano/largo plazo es necesario. Es más, ya estoy un poco pasa’ de tiempo. He hecho varios intentos por organizar la cosa, fui a la farmacia y compré post-its gigantes que tengo pegados a la puerta del cuarto para acordarme que hay algo por ahí que se llama la cartuchera, algo que quizás tiene posibilidades de crecimiento. Si este fuera un proyecto de mi trabajo de 9 a om, estaría On Hold en Basecamp.

Me pregunto si es el momento para, otra vez, “retomar” el blog. Quizás puedo ir más en serio buscar colaboradores para llenar la cartuchera de otras cosas, otros temas, otras voces, otros puntos de vista. Para mí sería algo ideal.

Mientras, sigo trabajando en esos pasos, afinando, tachando y asignando números a ese post-it gigante pegado a la puerta del cuarto.

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Molestias visuales

Las noches en mi país nunca han sido muy claras, especialmente en el área metropolitana en la que vivo. Sin embargo, recientemente me he encontrado con espacios prestados a pantallas publicitarias que alumbran más que la aurora, o las luces del Estadio Hiram Bithorn. Me parece que la intensidad en la que enseñan los anuncios es exagerada, porque no han sido pocas las veces que me he quedado “cegada” por tal o cual anuncio que vi en el edificio de la Autoridad de Edificios Públicos—si suena irónico, es porque lo es. Estas pantallas digitales son sumamente peligrosas para los conductores, irresponsables en su manejo de la intensidad de la luz, lo que puede causar terribles accidentes automovilísticos y afectar la vida de los residentes que estén “bañados” de luces, como los dos condominios cerca del billboard en los predios de la Administración General de la Universidad Interamericana y contaminantes a la vista en general, al cielo y a la planificación urbana que está medio M.I.A. en este asunto.

Entiendo que estos últimos, al igual que arquitectos, funcionarios y demás profesionales directamente atados a velar porque el panorama del país sean sus cielos, sus valles, sus montañas… No sé en qué posición queda esto en su lista de prioridades, pero me preocupa que nadie le esté prestando atención a esto.

Hay muchos países que tienen regulaciones severas sobre la proporción de publicidad digital en las vías públicas. Este país no parece tener ninguna, aquí parece ser the more, the merrier. Esto me molesta pero en principio no veo una amenaza de alto riesgo. Sí es preocupante ir cubriendo nuestra ventana a la naturaleza con vallas digitales y análogas que enseñan producto tras producto. Menos cielo, montañas, valles, cosechas, playa. ¿Realmente vale la pena tener tantos?

Los que sí me preocupan son aquellas vallas digitales que parecen estar desreguladas, tan brillantes sus pantallas que pueden cegar a cualquier conductor y tener un accidente. Créanme, no necesitamos más distracciones en esta jungla, ya nosotros guiando como locos es más que suficiente.

¿A dónde me quejo? ¿Cuáles son los próximos pasos? Si sabes algo que yo no sé que pueda ayudar a este problema, déjame saber.

Reflexiones

El panóptico y el prisma

Bentham lo diseñó, Foucault lo analizó minuciosamente y Orwell lo describió tan puntualmente que lo puedes palpar. Hay veces que sentimos que estamos adentro, otras veces estamos seguros de estar fuera. No hay manera de tener un pie en cada uno de los planos, a diferencia de la luz que se descompone en un prima reflectivo. La avalancha de energía que choca con los planos y va dibujando en ellos una trayectoria de intensidad que puede mantenerse o disminuir, es en sí un fenómeno complejo. El panóptico es un fenómeno que parece ser complejo, pero en realidad es bastante simple.

Un rayo de luz de este prisma en particular nos dio en los ojos recientemente. Nos dio confirmación certera de que el gobierno observa todo lo que hacemos. Lo más que nos sorprendió fue nuestra reacción al suceso. Casi no nos hemos hecho sentir. No hemos confabulado un castigo a lo Guy Fawkes, ni aparentamos tener mucho interés en planificar uno. ¿Es posible que esta sea la consecuencia de estar tan acostumbrados a vivir en el panóptico? Estamos conscientes de que hay alguien (o algo) que sabe lo que estamos haciendo la mayoría del tiempo, empieza por el celular que nos acompaña, con su GPS integrado. De ahí pasamos al lugar de trabajo, en el que muchas personas tienen que reportarse a alguien. Si tienes suerte, puedes encerrarte en un espacio con puerta, pero ahora están en boga los problemáticos “espacios abiertos” que son solo otro panóptico modificado.

Etimológicamente, la palabra panóptico se divide en pan, que quiere decir ‘todo’ y óptico, ‘visión’. Todo lo vemos. Todo lo ven. ¡Nos están mirando! Me parece que la diferencia entre los personajes que imaginó Orwell, Guy Fawkes y los seres humanos que vivimos en este momento histórico es que al parecer nos gusta que nos miren, o francamente no nos importa.

El aquí y ahora Reflexiones

Pseudobilingüe

Una de las ventajas de recibir el periódico es poder enterarme de noticias como esta. De entrada no le di mucha importancia, pero al leer la noticia con detenimiento, me pareció muy acertada. Me pareció muy interesante el comentario que hace la Dra. Amparo Morales: “En Puerto Rico hay dos lenguas oficiales, no puede quedarse rezagada una lengua sobre la otra. Requiere que el español se hable bien y que el inglés también se hable bien. Y eso no está sucediendo.” Esto es muy cierto, lo veo todos los días. Cada vez que me entero de una palabra en español de la que no tenía conocimiento, menos aún de su significado, me frustro un poco. A veces pienso en inglés, otras veces en español.  También me pasa que pienso la oración en español pero hay una palabra que solo la tengo registrada en inglés, lo que hace que pierda el hilo y no complete la oración o no sea clara en la comunicación. En la agencia, hay proyectos que se trabajan en inglés, y muchas veces me hace ruido porque siento que no están atados con el público, pero se asume que la gente va a entenderlo. Me parece que en general tenemos una noción muy definida del inglés como idioma, y nada más. Como diría Bertrand Russell, el significado de las palabras es un hecho lingüístico y semiótico ya que no puede existir el significado de un signo sin la noción del signo como tal.

Recuerdo un proyecto en particular en el que se había tomado la decisión de trabajar el texto en español. La mayoría de la publicidad de la marca se trabaja en inglés, así que en cierto modo, se quería comparar su efectividad en cuanto al idioma. La respuesta del usuario fue notable. Hubo un gran incremento en las métricas, lo que nos ha llevado a continuar trabajando en esa línea. Ya no me tengo que preguntar por qué sucede, la respuesta está clara. Si solo el 10% de la población se considera bilingüe, quizás es hora de cambiar la estrategia de usar el inglés para comunicar, porque es muy probable que tu usuario no esté entendiendo lo que le estás tratando de vender. Esto no se limita solo a la publicidad; hay mucha señalización en inglés que en realidad parece estar estorbando en vez de educando. ¿Cómo es que tenemos a la mayoría de la población no entendiendo las señales que con tanto ahínco se les ha proporcionado? ¿De dónde nos sacamos la idea de que todos somos bilingües?

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Las no palabras

Recuerdo la primera vez que leí a Borges. No fui iniciada a su mundo con ‘El Alelph’, sino con el cuento ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’. De ese ejercicio– admito lo leí con una cierta obligación académica– surgió el diseño de un poster que sometí para el Festival de la Lengua Madre de las Naciones Unidas, en el que usé la palabra “Eithou” de James Joyce en Finnegan’s Wake.

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Yo sigo mucha gente en Twitter. El 70% de las cuentas que sigo son de personas/entidades/medios/aplicaciones/instituciones que trabajan contenido que me interesa.

Esta chica a la que sigo, @GrammarGirl, hace un retuit de @StanCarey sobre las palabras y letras más comunes en inglés, enlazando a un post con una data muy interesante de Peter Norvig, director de investigación en Google.

La data habla por sí sola. Aquí les enseño unas visualizaciones:

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Norvig comenta: “Note there is a standard order of frequency used by typesetters, ETAOIN SHRDLU, that is slightly violated here: L, R, and C have all moved up one rank, giving us the less mnemonic ETAOIN SRHLDCU.”

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Y de esta imagen en la que ya se veía el uso de una no palabra, a tener data confirmada que, en el que ETAOIN SRHLDCU, ¿podría quizás considerarse un padrino del idioma inglés como se usa hoy? Tiene su antecedente, ETAOIN SHRDLU, bien parecido. Me parece que ambos tienen tremenda personalidad.

También sería interesante preguntarle a James Joyce si la data que le muestra Norvig ayudaría o desayudaría a su proceso de escribir inglés como segunda lengua.

Yo creo que a Borges le fascinaría tanto, que ya hubiese llenado un globo terráqueo con no nombres para no sitios.