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El aquí y ahora Reflexiones

Retomando

El periodo de hibernación no deseado de este blog ha sido alimentado por largas horas de trabajo y un par de catarros. Ya estoy de vuelta, a darle cariño a los cartuchos.

Me conviene estar en esta época de principios, de páginas en blanco, Google Docs vacíos sin compartir, descifrando los parámetros de lo que va a contener este espacio. Tengo varias ideas… El punto es concretarlas, walk the talk, esa es la clave.

Aprovecho para anunciar que busco colaboradores para contribuir a este espacio. Escríbeme para más detalles.

Anécdotas En la práctica Reflexiones

Es la historia de una teen geek…

En el 1998, descubrí el fenómeno del internet. Mi mamá compró una Compaq Presario, se suscribió a Coqui.net, con una conexión dial-up que hacía el ruidito más freaky y cool del universo. La única falla era que no podía hablar por teléfono a la misma vez que navegaba. Pensar en eso en el 2012 debe darle miedo a par de gente.

Sucede que, al parecer, el internet ese me gustó tanto que pasaba incontables horas en él, no sólo navegando, sino diseñando páginas. Teníamos un printer barato -de esos que lo hacían todo por un tiempo y después no hacían nada- que trajo una versión limitada de Photoshop. Para mí, eso fue Navidad. Empecé a hacer backgrounds, botones y layouts que programé en HTML, CSS y JavaScript. También llegué a hacer iframes, pop-ups, y otras cositas así, de lo más chulas, siendo una teen.

Era todo bien emocionante porque había un corillo de gringas que, al parecer, compartían mi pasión por hacer páginas web bien cool, pero tenían la ventaja de tener dominios propios. Ellas crearon una especie de elite en el que se convertían en curadoras de todas las páginas montadas en los Angelfire, Geocities y Tripod de la vida que podían tener un poco de sentido estético más allá de textos marquee, gifs coloridos y sonidos al entrar a la página. Yo me propuse ser parte de la elite, y lo logré. Dos veces. Estaba orgullosa.

Me da una pena inmensa no tener material de esos tiempos. Recuerdo haber hecho cosas bien nítidas, modestia aparte. Los mejores días eran aquellos en los que podía pasar entre 10 a 12 horas generando imágenes, navegándo páginas, leyendo código, aprendiendo, y aplicando todo el conocimiento a mis páginas.

El follón me duró como dos o tres años. A los dieciseis, era muy rebelde para el diseño web. Lo seguía usando obsesivamente, pero prefería usar Messenger, escribir en el foro de Pulsorock y bajar música por Napster que escribir código.

Y así pasaron los años. Entré a la universidad, y decidí estudiar diseño. A los tres años de haber empezado, tuve la oportunidad de trabajar en una agencia intramuros en la que tuve gratas experiencias y un caudal de aprendizaje de cómo iba a ser el “mundo real”. Varios de esos proyectos tenían aplicaciones web. Recordando mi etapa de adolescente pseudoprogramadora, pensé que podía manejarlo y ser “la más dura”. Sin embargo, la realidad de lo rápido que cambia la tecnología, y en especial el diseño web, me dio una senda galleta.

El cambio fue abrumador. Un gran porciento de los comandos que conocía habían cambiado. Las cosas se hacían de otra manera. Habían “chulerías” que estaban bien obsoletas. Ya el dial-up no era cool. (Este último siempre lo tuve presente).

Fue entonces cuando tomé el reto de refrescar, en la medida que se me hizo posible, y sin educación formal al respecto, mi conocimiento sobre diseño web de la mejor manera que pude: trabajando. Sin embargo, nunca sentí que dominaba el campo por completo porque sabía que lo que estaba aprendiendo en un momento determinado, iba a cambiar demasiado rápido. Era un poco frustrante y excitante a la vez. Y el hecho de que tenía que trabajar en los proyectos me obligaba a tener que aprender algunas cosas.

Nunca voy a olvidar el proyecto en el que aprendí un poco de Plone. Uno de los proyectos de la agencia se iba a trabajar con este sistema de manejo de contenido híperrobusto. Ésta fue mi primera aventura cerca del fenómeno de Silicon Valley. Me enviaron a tomar un entrenamiento con los verdaderos geeks, en San José, California. Yo estaba tan nerviosa como entusiasmada de estar ahí. Después de haber estado en un estado de tortura extrema por seis meses, comparando a Plone, Zope y Python con los tres cantos de La Divina Comedia de Dante, no parecía tan complicado hacer ciertas cosas. Pero ojo, en realidad sí lo es. Programar código es un oficio meticuloso, no todo el mundo sabe cómo entrarle. En mi opinión, es una maravilla. La cantidad de cosas que puedes hacer con programación sigue in crescendo y sorprendiéndome cada día más.

Estoy actualmente completando un proyecto muy interesante, en el cual se usó la progración para generar un juego nuevo. Nunca me hubiera imaginado, hace catorce años atrás, que seguiría siendo una geek amante del código.

Anécdotas En la práctica Reflexiones

¿La profesional?

OK, lo acepto. Soy una novata para muchas cosas. No sé usar un documento de Excel propiamente. No tengo idea de lo que significan muchos acrónimos en el mundo de la publicidad, el cual estoy estrenando recientemente. Es la primera vez que tengo la responsabilidad de manejar el tiempo de otras personas. El rol que he asumido hace un par de meses es uno de inmensos retos. Tengo la confianza de poder demostrar en esta nueva posición, la pasión y el empeño que siempre he intentado implementar en mi corta carrera profesional.

Es obvio decir que los comienzos siempre son difíciles. En mi caso, estoy llevando muchos comienzos simultáneamente, tratando de barajar todas las fichas lo mejor que puedo. No está de más estar consciente de que los errores son mi pan de cada día, y de que fracasar es una posibilidad. No sería la primera vez que me sucede. Creo que puedo comparar esta fase de mi carrera con mi proyecto de Seminario para completar el Bachillerato, en el que por poco me cuelgan. Todavía no sé si fue por pena, pala o suerte que no lo hicieron. Pero en realidad, no hubo un sólo momento de aquél año académico en que mi esfuerzo haya mermado. Hice todo lo que pude para que el proyecto se diera. Y lo logré terminar. Para la Exhibición de Graduados, la pieza estuvo ahí, el público la vio, pocos la criticaron constructivamente (y honestamente). Mi mayor crítica, como siempre, fui yo. Una semana después, destruí la pieza y dejé todo el material en el área del Patio de Escultura para que otros estudiantes pudieran usar toda esa madera.

¿Madera? Sí, madera. Mi proyecto consistió en construir tres cuartos que se iban haciendo más pequeños. El propósito del proyecto era transmitir la incomodidad que experimenta una persona obesa socialmente. Fue un proyecto totalmente colaborativo, en el que tuve la ayuda de arquitectos, escultores, diseñadores de modas, constructores, profesores, compañeros de clase, familiares, amigos, y conocidos. Debo confesar que si hay alguien que no es handy en éste planeta, soy yo. Y es que a mí me toma un tiempo internalizar las cosas. Cuando me di cuenta en lo que me había metido, ya estaba a mitad de camino. Como estoy acostumbrada a ser una over-achiever, no podía abandonar el proyecto. Como la famosa frase de Apollo 13, fracasar no era una opción.

Unos años después de picar madera, estoy más segura de que fracasar es, solamente, una manera maravillosa de aprender. Es la única manera que te va a permitir estar aquí y en el ahora. Hoy estoy dispuesta a permitirme fracasar y cometer todos los errores posibles. Nada de eso me quita lo bailao’. Y al que no le guste, que bregue con eso.

En la práctica Métodos y procesos Reflexiones

El caos del tiempo posnormal

Welcome to post-normal times. It’s a time when little out there can be trusted or gives us confidence. The espiritu del tiempo, the spirit of our age, is characterised by uncertainty, rapid change, realignment of power, upheaval and chaotic behaviour. We live in an in-between period where old orthodoxies are dying, new ones have yet to be born, and very few things seem to make sense. (Sardar 2010)

La falta de método para lidiar con los tiempos actuales no es sólo una realidad local, es una realidad transnacional. Creo que ahora entiendo mejor el uso de la palabra transnacional, y como la misma difiere de internacional o global en el sentido de que no abarca un gran macro totalitario, sino que son muchas localidades con circunstancias paralelas. Comprender que esta realidad posnormal, desmembrada en la complejidad, las contradicciones y el caos, (2010) nos deja con un escenario muy cercano a casa.

Me pregunto si ver el tiempo actual como uno muy difícil es un acto ignorante, porque no siempre existe el recuerdo preciso de tiempos pasados. Sin embargo, al tener la oportunidad de escuchar testimonio de aquellos que han vivido lo suficiente para poder comparar, siento que es importante enfatizar en la condición cíclica del tiempo. Y es que no estamos exentos de recordarnos a nosotros mismos que ésta no es la única crisis que ha vivido el mundo. Es en aceptar realidades como esas que radica el comprender conceptos tales como lo posnormal o lo transnacional.

Un día como hoy, que al final es un día bastante regular, he podido comprender la naturaleza de la complejidad, las contradicciones y el caos personificadas y acuñadas en situaciones particulares. Un pedido para revisar un documento se convierte en un reflejo del caos en la industria. Nos vemos obligados a tomar decisiones difíciles en panoramas que parecen ser calles sin salida, o peor aún, laberintos muy profundos. La manera en la que se trabajan las cosas en unas áreas es totalmente obsoleta en otras. Los problemas de comunicación se intensifican con la falta de empatía y de lealtad hacia el otro. Los sistemas de valores están muy corruptos. ¿Cuándo aceptar que los métodos que conocemos nos están fallando?

No pienso que sea cuestión de reinventar la rueda; creo que los métodos existentes nos pueden servir de pie forzado. Forjar esos posmétodos puede ser un ejercicio interesante y productivo para resolver los problemas. Esperar resultados diferentes haciendo las mismas cosas es un reflejo de la falta de consciencia hacia nosotros mismos. Sin embargo, creo que sin este momento histórico, las posibilidades estarían más limitadas a tomar decisiones más conservadoras. Así que la próxima vez que me encuentre en una situación compleja, sumergida en el caos, trataré de recordar que no hay mejor momento que este para hacer algo out of the box, verdaderamente posnormal.

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Los cabos sueltos

Hoy se celebra un referéndum en mi país, Puerto Rico. El mismo cubre dos aspectos que van a marcar radicalmente la vida tal como la conocemos. Cito al reglamento de la Comisión Estatal de Elecciones:

El domingo, 19 de agosto de 2012, se efectuará un Referéndum con dos
consultas. En la primera se someterá a votación del pueblo de Puerto
Rico una propuesta de enmienda a las Secciones 2, 3 y 7 del Artículo III
de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, a los fines
de reducir el número de legisladores en la Asamblea Legislativa. En la
segunda se someterá a votación la propuesta de enmienda a la Sección
11 del Artículo II de la Constitución de Puerto Rico, a los fines de
otorgarles discreción a los jueces para conceder o denegar el derecho a
permanecer en libertad bajo fianza a los acusados de cometer ciertas
modalidades de asesinato.

Apenas recuerdo el último referéndum al que le presté atención. Ya que trato de no pecar de ser ignorante, y teniendo los recursos inmediatos para refrescarme la memoria, he encontrado enlaces e información sobre el referéndum del 1994. He descubierto (en mi ignorancia) que era demasiado parecido al que se está dando hoy. Para ese tiempo, yo no tenía la edad suficiente para votar. Realmente no lo recuerdo bien. Creo que el primer proceso político que recuerdo claramente fue el plebiscito del 1998. Me imagino que será porque, siendo adolescente, tenía un poco más de consciencia sobre la mezcolanza que fácilmente describe la política puertorriqueña. Poco después, en el 2000, tengo un vago recuerdo de haber sacado mi tarjeta electoral en la escuela superior, sólo por el hecho de que estaban demasiado accesibles en la biblioteca, y cogerse un break de alguna de las ocho clases diarias nunca estaba de más.

Yo nunca he creído en ejercer el voto en una colonia, o fascímiles razonables. Es por esto que nunca usé mi tarjeta electoral. Recuerdo habérsela regalado a una amiga; ella me la pidió (al parecer le gustaba coleccionar identificaciones, quién sabe para qué) y yo se la di. No tengo reparos en decir que se la di porque pensé que nunca la iba a tener que usar.

Doce años después del break de la biblioteca, me veo en la necesidad de haber activado mi tarjeta antes del 30 de junio del presente año para poder votar hoy. Mi tarjeta lleva inactiva desde el 2004, según me comentaron en la Comisión cuando llamé esta semana para ver si de casualidad tenía un chance de votar, así, tardísimo, como estamos acostumbrados a hacer las cosas aquí. Esta vez no tuve break. No puedo votar.

Sí, estoy consciente de la propaganda, las noticias, los status de mis amigos en las redes sociales… Todo eso me hizo ruido, pero un poco tarde. Me pregunto si el ruido hecho fue suficiente, si el diseño de la propaganda fue efectivo, tanto de un lado como de otro, si las instrucciones para activar las tarjetas a tiempo estaban lo suficientemente claras, si los billboards llamaron la atención de la mayor cantidad de gente posible, si cubrieron los targets deseados… A mí no llegaron.

Quiero aclarar que no soy apática ni hedonista; sí me importa el país, sí me importa tener derecho a fianza de ser acusada de un delito, me parece que reducir la cantidad de escaños en la Legislatura no es, a la larga, la mejor decisión. Aunque no crea en el sistema político, vivo en el país, y estas decisiones me afectan directa e indirectamente. Así que quisiera poder atar los cabos sueltos; quisiera instar a todos aquellos que sí tienen break de votar, a hacerlo. También quisiera darle una recomendación a la Comisión Estatal de Elecciones: nos deben dar más break. Si tuviera la oportunidad de votar hoy, lo haría, pero sé que si me meto allí a tratar de votar como Juana por mi casa, me van a arrestar, y quién sabe si luego tenga derecho a fianza.

Anécdotas Conversaciones Reflexiones

“Corto y cierto”

Por cada pensamiento que expreso, sea hablado o escrito, tengo al menos treinta más en la cabeza. Los trato de ignorar, pero es prácticamente imposible. Recientemente, he estado reflexionando mucho sobre mi nuevo rol profesional, en el cual admito tengo muy poca experiencia, pero estoy aprendiendo con gran intensidad y entusiasmo. El ritmo que he adoptado en las últimas semanas me ha hecho tener que asumir el rol “a rajatablas”, y es hoy que me doy cuenta que estar listo es una ilusión muy equívoca. Yo tenía una idea de lo que implicaba tener que resolver problemas, al menos como diseñadora, lo tenía dominado hasta cierto punto. Ciertamente, este mes me ha tomado desprevenida. Trabajar de cerca con la estrategia es, literalmente, mirar el otro lado de la moneda. Y es que manejar proyectos es una de esas cosas que sólo aprendes a posteriori. Olvídate de todos los artículos interesantes que te pueden dar una idea, tienes que vivirlo. No hay de otra.

Al terminar la semana, varios problemas se fueron resolviendo, con una combinación de maña y magia. Debo confesar que ambas pueden llegar a ser herramientas efectivas para uso constante. Para mí es importante desarrollar métodos a los cuáles aferrarse, pero hay veces que hay que darse la oportunidad de improvisar, de meter la pata, el codo y la cabeza hasta el fondo, y fallar. Hoy puedo decir que estoy muy orgullosa de mis errores en el corto tiempo que llevo trabajando en este nuevo rol, porque me han dado lecciones muy valiosas.

Pensé abundar de ellas en este post, pero voy a mantener el son del título que lo enmarca. Les cuento sobre ellas luego, en la marcha.

Anécdotas Investigaciones corrientes Reflexiones

¿Cómo salvar nuestra historia?

Para tratar de estar un poco en el loop, estoy suscrita a varias listas de correo relacionadas a los temas que me interesan y aplican tanto a mi práctica profesional puntual como a mis intentos de entrar nuevamente al mundo académico. Una de esas listas publicó una entrada que me llamó mucho la atención. Al parecer, se está tratando de cerrar el archivo de Diseño Industrial de Alemania Oriental, localizada en Berlín, y la Sociedad de Historia de Diseño (GfDg) está haciendo un gran esfuerzo para evitarlo. Además de expresar su sentir públicamente en la página web de la organización, el mensaje se difundió en la lista de correo mencionada anteriormente, en la cual están suscritos diseñadores, profesores e investigadores de diseño alrededor del mundo. Las respuestas en apoyo al pedido de la organización fueron inmediatas, y no es para menos.

A mí la historia me suena demasiado conocida. La fascinación de los gobiernos por borrar ciertas partes de la historia de sus países es espeluznante. Recuerdo que un amigo estuvo haciendo un internado en la Oficina Estatal de Conservación Histórica y me comentó de cómo había material del siglo 19 guardado en bolsas plásticas. Para la huelga general de la Universidad de Puerto Rico en contra de la cuota de $800, recuerdo que en algún momento no había luz en el Recinto de Río Piedras -decían que la Policía había tumbado la electricidad para que los estudiantes que estaban acampando ahí se vieran en condiciones lo suficientemente precarias para irse- lo que podría afectar la colección de libros raros de la Colección Puertorriqueña del Sistema de Bibliotecas, además de afectar obras del Museo de Historia, Antropología y Arte del Recinto de Río Piedras. También recuerdo haber estado en una mesa redonda en la cual habían diseñadores que trabajaron en el Concilio de Diseño, comentando de cómo tuvieron que botar muchos de sus archivos cuando cerró el mismo. Contaban jocosamente, pero con mucha pena, cómo mucho del material era llevado a un “archivo circular”, que no era más que otra manera de decir que iba directamente a la basura.

Mi reacción ha sido una mezcla de asombro, coraje e impotencia. Sin embargo, luego de analizar el panorama más a fondo, puedo comprender que la conservación de la cultura en Puerto Rico ha sido un proyecto casi fallido. El ‘casi’ hay que destacarlo, porque estoy más que consciente de los intentos individuales y cuasicolectivos para salvar objetos, documentos, entre otros. Sin embargo, me parece que los esfuerzos han sido desorganizados, espontáneos, faltos de estrategia y proyección a largo plazo. Obviamente, el hecho de que el gobierno del país quiera eliminar la cultura por completo no ayuda. Para una nación sin estado, que aún carga con un gran bagaje colonial y opresivo, el reto es titánico, más sin embargo, no imposible. Creo que podemos abordar este problema si nos unimos y nos organizamos, tal como lo ha hecho la Sociedad de Historia de Diseño. Es cierto que vivimos en la periferia, pero eso no nos imposibilita el actuar con este tipo de situaciones. Hay que hacer algo para que podamos salvaguardar lo poco de historia cultural que nos queda. ¿Quién se apunta?

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Reinos fantásticos

Still de la película "Moonrise Kingdom", de Wes Anderson (2012).

Hace un par de días fui a ver la última película de Wes Anderson, Moonrise Kingdom, con una amiga. Siempre me han gustado las cualidades teatrales y las condiciones viscerales que demarcan los escenarios de sus películas. Ya lo iba viendo en The Royal Tenembaums y en The Life Aquatic with Steve Zissou, pero es en su película más reciente que parece haber una sinergía orquestrada sin esfuerzo, con resultados maravillosos. No sé si tiene que ver con que ha madurado como director (naturalmente, es una gran posibilidad), pero creo que una de las cosas que más me cautivó de la película fue el diseño de la producción, los ambientes, los detalles, fueran jugos en polvo, broches de perlas, o el uniforme de la tropa, por decir sólo unas pocas cosas sin arruinarle la experiencia de la película a nadie.

Los niveles en los cuales toda la simbología de la película se contenía en sí misma, y a la vez fluía, era impresionante. Aparte de la trama, la cual no recomiendo si sufres de vulnerabilidad emocional, yo quería vivir en la Isla de New Penzance. Puede parecer trillado, pero creo que la película logro crear un lugar fantástico en que todos los personajes tenían un lugar en el que “pertenecían”. Y un poco de eso pienso cuando comparo un lugar así con los lugares que habitamos todos los días, y lo incómodos e inhóspitos que pueden llegar a ser. Es casi como si quisiéramos torturarnos consistentemente con nuestros espacios de incomodidad, inseguridad y miedo.

Pensando en un plano más formal, los diseñadores, arquitectos, ingenieros, y otros profesionales cuyas prácticas se entrelazan con la creación de estos espacios; se deben a sí mismos y a sus respectivas comunidades o poblaciones para las cuales diseñan o construyen, un poco de imaginación de vez en cuando. ¿Será posible construir nuestros propios reinos fantásticos? ¿Podremos construir el lugar fantástico de otros?

Mi mentora me comentaba que los espacios dictan comportamientos. Esto es totalmente cierto; lo vivo todos los días. De la comodidad del hogar al estrés de guiar en las carreteras del país a un espacio de trabajo temporero en el que se escuchan los martillazos y de pronto huele a quemado, a salir de nuevo al estrés del carro en el tapón de la tarde, para volver al hogar. En mi caso, el hogar es mi cama extendida. Hace unos días mi hermano me ayudó a poner una hamaca en el balcón, para tratar de hacer ese espacio, que es tan mío, uno más habitable y menos ordinario. Sin embargo, realmente me debo a mí misma tratar de hacer de cualquier espacio que habito, uno fantástico.

Hablando de la gestión para concretar estos espacios, hace poco me llamó una amiga artista y diseñadora. Entre otras cosas, me estuvo contando de su proyecto para la Trienal Poligráfica del Caribe. Creo que su iniciativa muestra un acto deliberado de cambiar un espacio, pero me pregunto, ¿habrá convertido el Falansterio en un lugar más fantástico de lo que es o quizás lo hizo más cotidiano? Me encantaría ir a verlo y experimentarlo. Quiero poder crear estos lugares fantásticos, o de alguna manera contribuir a ellos.

Anécdotas En la práctica Reflexiones

Todos debemos tener un mentor

En mi trabajo actual, tuve la oportunidad de supervisar a una muchacha que hizo internado en diseño con la unidad en la que trabajaba. Estuvo seis meses trabajando con nosotros. Yo no la conocía antes de esto, pero uno de mis profesores en el bachillerato me la había recomendado, ya que está a punto de graduarse de la Escuela de Artes Plásticas. Cuando mi jefa y yo la entrevistamos, sabíamos que iba a ser un buen asset al equipo, y que iba a aprender mucho. Al principio, se me hizo difícil (en parte porque no estaba tan claro que la supervisión la haría yo tan directamente, y en otra parte por mi inexperiencia manejando otra gente) identificar la mejor manera de enseñarle y de hacerla ver sus errores en una forma constructiva, pero rápidamente me acordé de mi propia experiencia con varias personas que han sido mis mentores a lo largo de mi carrera académica y profesional. Es entonces cuando pude adoptar técnicas que aplicaron conmigo y aplicarlas hacia ella, lo que resultó, en mi opinión, en una experiencia muy enriquecedora para todas las partes.

Tuve la oportunidad de compartir con ella ayer, ya que está trabajando como diseñadora freelance en un proyecto, y necesitaba feedback del equipo de diseño sobre lo que había presentado. Pude observar claramente su crecimiento como diseñadora, pero también pude ver todo lo que le falta por aprender. Nos estuvo contando a mi jefe y a mí sobre situaciones por las que está pasando siendo novata en el mundo de ser freelance en Puerto Rico. Él y yo le dimos varios consejos sobre lo que debía hacer, pero la verdad es que lo que quería hacer en el momento era poder irme a almorzar con ella y aconsejarla más, ayudarla a trazar varias estrategias, saber cuál eran sus planes a corto y largo plazo, y también compartir, pues no todo puede ser seriedad. Hay que reírse de vez en cuando.

Luego, ya entrada la tarde, nos envía a mí y al equipo con el que está trabajando, unas visualizaciones para un dummy. Le hice unas observaciones y un compañero jocosamente me comentó que mi correo había sido bien maternal. Ahí es que me doy cuenta que ya yo no soy la novata, y que ya he asumido (sin internalizarlo) un rol de mentora que nadie me pidió asumir, porque eso no es algo que se pide o se planifique, eso se da.

Y es ahí también cuando me voy en un flashback al segundo semestre de mi primer año de universidad, en el que mi mentora me aconsejaba sobre la decisión de haber estudiado arte en vez de literatura comparada. También recuerdo cuando comenzaba a escribir mi tesina en el bachillerato, presentando los primeros intentos de un tema a mi otra mentora, la cual prácticamente me “lo viró” todo y me hizo citar y hacer las oraciones más concisas. A ellas y a tantos otros, ellos saben quiénes son, les quiero agradecer por haber podido tener una guía en momentos claves. Sin ellos, quizás me hubiese perdido. Y estar perdido es algo que he visto en muchas caras, unas más cercanas que otras. Es una gran lástima ver talento despilfarrado, tiempo perdido y aportaciones que nunca se materializarán por falta de mentoría. Este no es el único factor que determina estas tendencias, pero en mi opinión, es un factor más importante de lo que creemos. El maestro y al aprendiz ha sido la manera de pasar información en todos los momentos históricos posibles, para bien o para mal. La salvación no es individual. Necesitamos de otros tanto como otros nos necesitan a nosotros. Seamos generosos con nuestro conocimiento sin hacer dirigismo cultural o tratando de controlar a la otra persona. Seamos lo que nuestros mentores querían de nosotros; su competencia, sus pares, lleguemos a su nivel. Es, posiblemente, la mejor manera de agradecerles el tiempo y la fe que tuvieron en nosotros.

En la práctica Reflexiones

Del micro al macro

Sí, lo admito. Creo que he abusado de las dos palabras que componen el título de este post. Hay algo de su condición binaria y fonética que es muy atractiva, además del hecho de que logran decir mucho con poco. Y es que siento que en el tiempo que llevo estudiando y trabajando en el campo de diseño, cada vez me tienen más sentido. No es porque de pronto comprenda mejor lo que significan, sino porque me parece que estos elementos compositivos tienen el poder de validar y aclarar muchos problemas, argumentos y discusiones.

A sabiendas que micro significa pequeño, y macro significa grande, cuando uno piensa en diseño, es inevitable preguntarse cuál va a ser la escala del proyecto que vas a trabajar, por dar un ejemplo concreto. Esto te da una idea de las metodologías a utilizar, los procesos a aplicar, los resultados que puedes obtener, las aplicaciones que podrían funcionar para el mismo. Digamos que hablar del micro y/o del macro es de los aspectos más importantes de cualquier proyecto de diseño. Aquí también entra el diseño visto como el macro y sus especialidades (diseño gráfico, industrial, de modas, entre otros) vistas como micro de ese macro. Pensando en esa manera de relacionar el micro y el macro al diseño, me pregunto si es posible de esa manera clarificar nociones sobre el rol y las capacidades del diseñador en cualquier ámbito.

Como en muchos escenarios (que van desde países a empresas y grupos sociales) no se tiene claro, no es tan visible que un diseñador —sea cuál sea su disciplina de especialización— piensa de una manera específica (Archer, 1995) en la que puede brindar servicios y traer a la mesa soluciones dentro del plano de la innovación, no se incopora a procesos más macro dentro del alcance de un proyecto. En muchos casos, se incorpora en fases en las que no puede hacer bien su labor. El típico ejemplo, especialmente con los diseñadores gráficos, es recurrir a ellos para el plano meramente estético. Y no es que esto haya estado siempre mal, es que la misma práctica se ha transformado. El momento histórico requiere una reevaluación del rol del diseñador como un ente más macro para que pueda realmente diseñar y dejar de adornar. Un ejemplo concreto de una metodología de diseño aplicada a estrategia de negocio es Design Thinking de Tim Brown (2008). Me parece que muchos proyectos podrían beneficiarse de esta metodología y servir a su vez como un ente educador para sacar la noción del diseño del micro al macro.