El aquí y ahora

¡Colaboración!

Al escribir el título de este post, ver la palabra colaboración con signos de exclamación casi pareció como leer celebración. Y es que yo disfruto inmensamente el trabajar con otros. Para mí, es la manera idonea de trabajar proyectos. El sentido de compromiso se afianza, el flujo de producción se concretiza, la satisfacción de completar la tarea se disfruta aún más con otros.

Es por esto que he decidido que la cartuchera sea un hub colaborativo. Insto al que esté interesado en someter un ejemplo del tipo de contenido que puede aportar, además de posibles temas a discutir. Envíame un email y comenzamos a colaborar desde ahí.

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Las no palabras

Recuerdo la primera vez que leí a Borges. No fui iniciada a su mundo con ‘El Alelph’, sino con el cuento ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’. De ese ejercicio– admito lo leí con una cierta obligación académica– surgió el diseño de un poster que sometí para el Festival de la Lengua Madre de las Naciones Unidas, en el que usé la palabra “Eithou” de James Joyce en Finnegan’s Wake.

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Yo sigo mucha gente en Twitter. El 70% de las cuentas que sigo son de personas/entidades/medios/aplicaciones/instituciones que trabajan contenido que me interesa.

Esta chica a la que sigo, @GrammarGirl, hace un retuit de @StanCarey sobre las palabras y letras más comunes en inglés, enlazando a un post con una data muy interesante de Peter Norvig, director de investigación en Google.

La data habla por sí sola. Aquí les enseño unas visualizaciones:

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Norvig comenta: “Note there is a standard order of frequency used by typesetters, ETAOIN SHRDLU, that is slightly violated here: L, R, and C have all moved up one rank, giving us the less mnemonic ETAOIN SRHLDCU.”

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Y de esta imagen en la que ya se veía el uso de una no palabra, a tener data confirmada que, en el que ETAOIN SRHLDCU, ¿podría quizás considerarse un padrino del idioma inglés como se usa hoy? Tiene su antecedente, ETAOIN SHRDLU, bien parecido. Me parece que ambos tienen tremenda personalidad.

También sería interesante preguntarle a James Joyce si la data que le muestra Norvig ayudaría o desayudaría a su proceso de escribir inglés como segunda lengua.

Yo creo que a Borges le fascinaría tanto, que ya hubiese llenado un globo terráqueo con no nombres para no sitios.

El aquí y ahora Reflexiones

Retomando

El periodo de hibernación no deseado de este blog ha sido alimentado por largas horas de trabajo y un par de catarros. Ya estoy de vuelta, a darle cariño a los cartuchos.

Me conviene estar en esta época de principios, de páginas en blanco, Google Docs vacíos sin compartir, descifrando los parámetros de lo que va a contener este espacio. Tengo varias ideas… El punto es concretarlas, walk the talk, esa es la clave.

Aprovecho para anunciar que busco colaboradores para contribuir a este espacio. Escríbeme para más detalles.

Anécdotas En la práctica Reflexiones

Es la historia de una teen geek…

En el 1998, descubrí el fenómeno del internet. Mi mamá compró una Compaq Presario, se suscribió a Coqui.net, con una conexión dial-up que hacía el ruidito más freaky y cool del universo. La única falla era que no podía hablar por teléfono a la misma vez que navegaba. Pensar en eso en el 2012 debe darle miedo a par de gente.

Sucede que, al parecer, el internet ese me gustó tanto que pasaba incontables horas en él, no sólo navegando, sino diseñando páginas. Teníamos un printer barato -de esos que lo hacían todo por un tiempo y después no hacían nada- que trajo una versión limitada de Photoshop. Para mí, eso fue Navidad. Empecé a hacer backgrounds, botones y layouts que programé en HTML, CSS y JavaScript. También llegué a hacer iframes, pop-ups, y otras cositas así, de lo más chulas, siendo una teen.

Era todo bien emocionante porque había un corillo de gringas que, al parecer, compartían mi pasión por hacer páginas web bien cool, pero tenían la ventaja de tener dominios propios. Ellas crearon una especie de elite en el que se convertían en curadoras de todas las páginas montadas en los Angelfire, Geocities y Tripod de la vida que podían tener un poco de sentido estético más allá de textos marquee, gifs coloridos y sonidos al entrar a la página. Yo me propuse ser parte de la elite, y lo logré. Dos veces. Estaba orgullosa.

Me da una pena inmensa no tener material de esos tiempos. Recuerdo haber hecho cosas bien nítidas, modestia aparte. Los mejores días eran aquellos en los que podía pasar entre 10 a 12 horas generando imágenes, navegándo páginas, leyendo código, aprendiendo, y aplicando todo el conocimiento a mis páginas.

El follón me duró como dos o tres años. A los dieciseis, era muy rebelde para el diseño web. Lo seguía usando obsesivamente, pero prefería usar Messenger, escribir en el foro de Pulsorock y bajar música por Napster que escribir código.

Y así pasaron los años. Entré a la universidad, y decidí estudiar diseño. A los tres años de haber empezado, tuve la oportunidad de trabajar en una agencia intramuros en la que tuve gratas experiencias y un caudal de aprendizaje de cómo iba a ser el “mundo real”. Varios de esos proyectos tenían aplicaciones web. Recordando mi etapa de adolescente pseudoprogramadora, pensé que podía manejarlo y ser “la más dura”. Sin embargo, la realidad de lo rápido que cambia la tecnología, y en especial el diseño web, me dio una senda galleta.

El cambio fue abrumador. Un gran porciento de los comandos que conocía habían cambiado. Las cosas se hacían de otra manera. Habían “chulerías” que estaban bien obsoletas. Ya el dial-up no era cool. (Este último siempre lo tuve presente).

Fue entonces cuando tomé el reto de refrescar, en la medida que se me hizo posible, y sin educación formal al respecto, mi conocimiento sobre diseño web de la mejor manera que pude: trabajando. Sin embargo, nunca sentí que dominaba el campo por completo porque sabía que lo que estaba aprendiendo en un momento determinado, iba a cambiar demasiado rápido. Era un poco frustrante y excitante a la vez. Y el hecho de que tenía que trabajar en los proyectos me obligaba a tener que aprender algunas cosas.

Nunca voy a olvidar el proyecto en el que aprendí un poco de Plone. Uno de los proyectos de la agencia se iba a trabajar con este sistema de manejo de contenido híperrobusto. Ésta fue mi primera aventura cerca del fenómeno de Silicon Valley. Me enviaron a tomar un entrenamiento con los verdaderos geeks, en San José, California. Yo estaba tan nerviosa como entusiasmada de estar ahí. Después de haber estado en un estado de tortura extrema por seis meses, comparando a Plone, Zope y Python con los tres cantos de La Divina Comedia de Dante, no parecía tan complicado hacer ciertas cosas. Pero ojo, en realidad sí lo es. Programar código es un oficio meticuloso, no todo el mundo sabe cómo entrarle. En mi opinión, es una maravilla. La cantidad de cosas que puedes hacer con programación sigue in crescendo y sorprendiéndome cada día más.

Estoy actualmente completando un proyecto muy interesante, en el cual se usó la progración para generar un juego nuevo. Nunca me hubiera imaginado, hace catorce años atrás, que seguiría siendo una geek amante del código.

Anécdotas En la práctica Reflexiones

¿La profesional?

OK, lo acepto. Soy una novata para muchas cosas. No sé usar un documento de Excel propiamente. No tengo idea de lo que significan muchos acrónimos en el mundo de la publicidad, el cual estoy estrenando recientemente. Es la primera vez que tengo la responsabilidad de manejar el tiempo de otras personas. El rol que he asumido hace un par de meses es uno de inmensos retos. Tengo la confianza de poder demostrar en esta nueva posición, la pasión y el empeño que siempre he intentado implementar en mi corta carrera profesional.

Es obvio decir que los comienzos siempre son difíciles. En mi caso, estoy llevando muchos comienzos simultáneamente, tratando de barajar todas las fichas lo mejor que puedo. No está de más estar consciente de que los errores son mi pan de cada día, y de que fracasar es una posibilidad. No sería la primera vez que me sucede. Creo que puedo comparar esta fase de mi carrera con mi proyecto de Seminario para completar el Bachillerato, en el que por poco me cuelgan. Todavía no sé si fue por pena, pala o suerte que no lo hicieron. Pero en realidad, no hubo un sólo momento de aquél año académico en que mi esfuerzo haya mermado. Hice todo lo que pude para que el proyecto se diera. Y lo logré terminar. Para la Exhibición de Graduados, la pieza estuvo ahí, el público la vio, pocos la criticaron constructivamente (y honestamente). Mi mayor crítica, como siempre, fui yo. Una semana después, destruí la pieza y dejé todo el material en el área del Patio de Escultura para que otros estudiantes pudieran usar toda esa madera.

¿Madera? Sí, madera. Mi proyecto consistió en construir tres cuartos que se iban haciendo más pequeños. El propósito del proyecto era transmitir la incomodidad que experimenta una persona obesa socialmente. Fue un proyecto totalmente colaborativo, en el que tuve la ayuda de arquitectos, escultores, diseñadores de modas, constructores, profesores, compañeros de clase, familiares, amigos, y conocidos. Debo confesar que si hay alguien que no es handy en éste planeta, soy yo. Y es que a mí me toma un tiempo internalizar las cosas. Cuando me di cuenta en lo que me había metido, ya estaba a mitad de camino. Como estoy acostumbrada a ser una over-achiever, no podía abandonar el proyecto. Como la famosa frase de Apollo 13, fracasar no era una opción.

Unos años después de picar madera, estoy más segura de que fracasar es, solamente, una manera maravillosa de aprender. Es la única manera que te va a permitir estar aquí y en el ahora. Hoy estoy dispuesta a permitirme fracasar y cometer todos los errores posibles. Nada de eso me quita lo bailao’. Y al que no le guste, que bregue con eso.

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El caos del tiempo posnormal

Welcome to post-normal times. It’s a time when little out there can be trusted or gives us confidence. The espiritu del tiempo, the spirit of our age, is characterised by uncertainty, rapid change, realignment of power, upheaval and chaotic behaviour. We live in an in-between period where old orthodoxies are dying, new ones have yet to be born, and very few things seem to make sense. (Sardar 2010)

La falta de método para lidiar con los tiempos actuales no es sólo una realidad local, es una realidad transnacional. Creo que ahora entiendo mejor el uso de la palabra transnacional, y como la misma difiere de internacional o global en el sentido de que no abarca un gran macro totalitario, sino que son muchas localidades con circunstancias paralelas. Comprender que esta realidad posnormal, desmembrada en la complejidad, las contradicciones y el caos, (2010) nos deja con un escenario muy cercano a casa.

Me pregunto si ver el tiempo actual como uno muy difícil es un acto ignorante, porque no siempre existe el recuerdo preciso de tiempos pasados. Sin embargo, al tener la oportunidad de escuchar testimonio de aquellos que han vivido lo suficiente para poder comparar, siento que es importante enfatizar en la condición cíclica del tiempo. Y es que no estamos exentos de recordarnos a nosotros mismos que ésta no es la única crisis que ha vivido el mundo. Es en aceptar realidades como esas que radica el comprender conceptos tales como lo posnormal o lo transnacional.

Un día como hoy, que al final es un día bastante regular, he podido comprender la naturaleza de la complejidad, las contradicciones y el caos personificadas y acuñadas en situaciones particulares. Un pedido para revisar un documento se convierte en un reflejo del caos en la industria. Nos vemos obligados a tomar decisiones difíciles en panoramas que parecen ser calles sin salida, o peor aún, laberintos muy profundos. La manera en la que se trabajan las cosas en unas áreas es totalmente obsoleta en otras. Los problemas de comunicación se intensifican con la falta de empatía y de lealtad hacia el otro. Los sistemas de valores están muy corruptos. ¿Cuándo aceptar que los métodos que conocemos nos están fallando?

No pienso que sea cuestión de reinventar la rueda; creo que los métodos existentes nos pueden servir de pie forzado. Forjar esos posmétodos puede ser un ejercicio interesante y productivo para resolver los problemas. Esperar resultados diferentes haciendo las mismas cosas es un reflejo de la falta de consciencia hacia nosotros mismos. Sin embargo, creo que sin este momento histórico, las posibilidades estarían más limitadas a tomar decisiones más conservadoras. Así que la próxima vez que me encuentre en una situación compleja, sumergida en el caos, trataré de recordar que no hay mejor momento que este para hacer algo out of the box, verdaderamente posnormal.

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Los cabos sueltos

Hoy se celebra un referéndum en mi país, Puerto Rico. El mismo cubre dos aspectos que van a marcar radicalmente la vida tal como la conocemos. Cito al reglamento de la Comisión Estatal de Elecciones:

El domingo, 19 de agosto de 2012, se efectuará un Referéndum con dos
consultas. En la primera se someterá a votación del pueblo de Puerto
Rico una propuesta de enmienda a las Secciones 2, 3 y 7 del Artículo III
de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, a los fines
de reducir el número de legisladores en la Asamblea Legislativa. En la
segunda se someterá a votación la propuesta de enmienda a la Sección
11 del Artículo II de la Constitución de Puerto Rico, a los fines de
otorgarles discreción a los jueces para conceder o denegar el derecho a
permanecer en libertad bajo fianza a los acusados de cometer ciertas
modalidades de asesinato.

Apenas recuerdo el último referéndum al que le presté atención. Ya que trato de no pecar de ser ignorante, y teniendo los recursos inmediatos para refrescarme la memoria, he encontrado enlaces e información sobre el referéndum del 1994. He descubierto (en mi ignorancia) que era demasiado parecido al que se está dando hoy. Para ese tiempo, yo no tenía la edad suficiente para votar. Realmente no lo recuerdo bien. Creo que el primer proceso político que recuerdo claramente fue el plebiscito del 1998. Me imagino que será porque, siendo adolescente, tenía un poco más de consciencia sobre la mezcolanza que fácilmente describe la política puertorriqueña. Poco después, en el 2000, tengo un vago recuerdo de haber sacado mi tarjeta electoral en la escuela superior, sólo por el hecho de que estaban demasiado accesibles en la biblioteca, y cogerse un break de alguna de las ocho clases diarias nunca estaba de más.

Yo nunca he creído en ejercer el voto en una colonia, o fascímiles razonables. Es por esto que nunca usé mi tarjeta electoral. Recuerdo habérsela regalado a una amiga; ella me la pidió (al parecer le gustaba coleccionar identificaciones, quién sabe para qué) y yo se la di. No tengo reparos en decir que se la di porque pensé que nunca la iba a tener que usar.

Doce años después del break de la biblioteca, me veo en la necesidad de haber activado mi tarjeta antes del 30 de junio del presente año para poder votar hoy. Mi tarjeta lleva inactiva desde el 2004, según me comentaron en la Comisión cuando llamé esta semana para ver si de casualidad tenía un chance de votar, así, tardísimo, como estamos acostumbrados a hacer las cosas aquí. Esta vez no tuve break. No puedo votar.

Sí, estoy consciente de la propaganda, las noticias, los status de mis amigos en las redes sociales… Todo eso me hizo ruido, pero un poco tarde. Me pregunto si el ruido hecho fue suficiente, si el diseño de la propaganda fue efectivo, tanto de un lado como de otro, si las instrucciones para activar las tarjetas a tiempo estaban lo suficientemente claras, si los billboards llamaron la atención de la mayor cantidad de gente posible, si cubrieron los targets deseados… A mí no llegaron.

Quiero aclarar que no soy apática ni hedonista; sí me importa el país, sí me importa tener derecho a fianza de ser acusada de un delito, me parece que reducir la cantidad de escaños en la Legislatura no es, a la larga, la mejor decisión. Aunque no crea en el sistema político, vivo en el país, y estas decisiones me afectan directa e indirectamente. Así que quisiera poder atar los cabos sueltos; quisiera instar a todos aquellos que sí tienen break de votar, a hacerlo. También quisiera darle una recomendación a la Comisión Estatal de Elecciones: nos deben dar más break. Si tuviera la oportunidad de votar hoy, lo haría, pero sé que si me meto allí a tratar de votar como Juana por mi casa, me van a arrestar, y quién sabe si luego tenga derecho a fianza.

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“Corto y cierto”

Por cada pensamiento que expreso, sea hablado o escrito, tengo al menos treinta más en la cabeza. Los trato de ignorar, pero es prácticamente imposible. Recientemente, he estado reflexionando mucho sobre mi nuevo rol profesional, en el cual admito tengo muy poca experiencia, pero estoy aprendiendo con gran intensidad y entusiasmo. El ritmo que he adoptado en las últimas semanas me ha hecho tener que asumir el rol “a rajatablas”, y es hoy que me doy cuenta que estar listo es una ilusión muy equívoca. Yo tenía una idea de lo que implicaba tener que resolver problemas, al menos como diseñadora, lo tenía dominado hasta cierto punto. Ciertamente, este mes me ha tomado desprevenida. Trabajar de cerca con la estrategia es, literalmente, mirar el otro lado de la moneda. Y es que manejar proyectos es una de esas cosas que sólo aprendes a posteriori. Olvídate de todos los artículos interesantes que te pueden dar una idea, tienes que vivirlo. No hay de otra.

Al terminar la semana, varios problemas se fueron resolviendo, con una combinación de maña y magia. Debo confesar que ambas pueden llegar a ser herramientas efectivas para uso constante. Para mí es importante desarrollar métodos a los cuáles aferrarse, pero hay veces que hay que darse la oportunidad de improvisar, de meter la pata, el codo y la cabeza hasta el fondo, y fallar. Hoy puedo decir que estoy muy orgullosa de mis errores en el corto tiempo que llevo trabajando en este nuevo rol, porque me han dado lecciones muy valiosas.

Pensé abundar de ellas en este post, pero voy a mantener el son del título que lo enmarca. Les cuento sobre ellas luego, en la marcha.

En la práctica Fotos Métodos y procesos

Nueva herramienta

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Estuve usando las tarjetas que Microsoft diseñó para probar la reacción de la gente al diseño de software en una sesión de brainstorming sobre el desarrollo de un producto. Más información sobre ellas aquí.

El aquí y ahora

Luis Camnitzer

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