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Anécdotas En la práctica Reflexiones

Sobre investigar por mi cuenta

A los tres años me matricularon en un colegio en Bayamón (para los que no son puertorriqueños, es un pueblo cerca de San Juan) llamado Carmen Sol. Desde ese entonces, no paré de estudiar por veintiún años. Hice mi bachillerato y mi maestría sin cogerme un año sabático entre una y otra, como algunas personas suelen hacer. Cuando terminé la maestría en el verano de 2009, mi cerebro estaba totalmente fundido. Adicional a eso, me operaron de la espalda dos semanas antes de la exhibición de graduados. Estaba drenada, exhausta. La burocracia extraña de los ingleses dentro de la academia me tenía harta; y a la misma vez, estaba cansada de estudiar, de investigar, leer, escribir, y pasar incontables horas en la biblioteca o encerrada en mi diminuto estudio. Estaba súper enfocada en producir, en llevar todo el conocimiento académico a la práctica, haciendo de mi desempeño profesional uno sumamente integral y diverso.

Así hice, aunque estuve meses buscando trabajo sin éxito alguno, ya que me fui a estudiar en septiembre de 2008 a Londres, unos días antes de la caída de los Lehman Brothers, viviendo el principio de la recesión mundial que todos conocemos demasiado bien. Yo presencié cómo muchos empleados salían con sus cajas a la estación de Old Street, que era la estación más cerca a la residencia de estudiantes en la que vivía. Aunque le di dinero al país, las leyes de inmigración en Inglaterra se hacían cada vez más difíciles. Con todo y que logré conseguir una visa que me mantendría en el país por dos años, no conseguí trabajo en los seis meses que busqué, enviando de 15 a 20 solicitudes todos los días.

De todas maneras, un par de meses después de completar la maestría, pude conseguir un internado sin paga en un estudio de artistas en Cambridge. Esto fue una gran oportunidad para mí de comenzar a producir de lleno sin tener que pensar en la academia. Mientras estudié mi bachillerato trabajé como diseñadora, lo que definitivamente fue una gran experiencia profesional, pero a la vez era un poco intenso tener la presión de ser estudiante y trabajar. Y es que me he dado cuenta que el estudiar es algo que se subestima demasiado. Estudiar puede llegar a ser igual o más intenso que trabajar. Así recuerdo mi maestría, la cual decidí hacer sin trabajar excepto por el proyecto de tipografía Hotel Excelsior, en el cual ya había empezado a trabajar desde el 2007.

Ya en Puerto Rico, empecé a trabajar como diseñadora freelance en varias agencias, y apagué la parte de mi cerebro que pensaba en investigar por mucho tiempo. Me decía a mí misma que no quería saber de la academia en veinte años. Tres años después, lo más que anhelo es regresar a ella. Es por esto que ahora mismo estoy investigando por mi cuenta. Esto tiene sus ventajas, y sus desventajas. Ser un investigador independiente te da una cierta libertad y flexibilidad de escribir sobre lo que quieras, cuando quieras, pero conseguir los fondos para llevar una investigación a cabo puede ser más difícil al no tener apoyo de una institución académica, por dar un ejemplo concreto. Sin embargo, como dice el dicho, “hay que dar del ala para comer de la pechuga”, así que voy a estar un tiempo poniéndome la presión de escribir y someter a conferencias para poder solicitar a un programa de doctorado, esperando que me acepten con los brazos abiertos y una hermosa beca completa.

Así que este fin de semana estaré encerrada en mi casa escribiendo un abstract para una conferencia en Helsinki, y estoy súper emocionada. No estaba segura de poder someter, porque la descripción del call for papers decía que estaba abierta a estudiantes doctorales, post-doctorales y académicos. Yo no soy ninguna de las tres. Envié un email preguntando si de todas maneras podía someter, y en menos de 10 minutos recibí una respuesta afirmativa. Ahora, ¡a ponerme las pilas!